Ir al contenido principal

La guerra de los segadores

La guerra de los segadores, la sublevación de Cataluña o la revuelta catalana es un conflicto que en breve cumplirá cuatrocientos años. Este seria uno de los miles de conflictos que recorren nuestra historia que podría pasar desapercibido de no ser porque en los últimos años se ha insistido desde ciertos sectores en conmemorarlo. Aunque lo correcto seria decir que se dedican a rememorar una parte del conflicto que les interesa para justificar su proyecto político. Subvirtiendo los acontecimientos y ocultando el papel que jugaron ciertos actores que reconducieron el rumbo del conflicto. Con esto trato de arrojar un poco de claridad en los acontecimientos y, en especial, poner sobre la mesa que intereses había y que se jugaba con esta sublevación de campesinos.
La relación entre Cataluña y la Corona se encona por la intervención del Conde-Duque Olivares, que encarna una política unificadora con la máxima: Multa regna, sed una lex, <<Muchos reinos, pero una ley>>, pretende repartir entre todos los territorios las necesidades de la política imperial (con múltiples frentes abiertos y una hacienda pública exhausta). Sus pretensiones de aumentar la contribución económica y aporte de tropas, no serán bien acogidos por las Cortes periféricas y especialmente las catalanas. En 1635 Luis XIII declara la guerra a Felipe IV. Olivares elige deliberadamente a Cataluña como frente para atacar a Francia por el sur y forzar así que Cataluña contribuyese a los esfuerzos militares. Una política suicida que encona las relaciones con las élites catalanas, y hace estallar la rebelión social.
En 1640 se produce la sublevación de Cataluña o “Guerra dels Segadora”. En el origen del conflicto está el descontento popular ante la hambruna, el saqueo y los atropellos protagonizados por las tropas españolas, formadas por mercenarios y desplegadas por el territorio catalán para combatir al francés. Sobre esas contradicciones actuará la injerencia francesa, transformando una rebelión provocada por los excesos de Olivares que jamás habría derivado por su propia dinámica a una ruptura, en un abierto desafío secesionista. Un minoritario grupo creado por la diplomacia francesa entre sectores de las élites dirigentes, aprovechará las dramáticas circunstancias de 1640 –enconamiento del conflicto con la Corona, amenaza militar francesa, rebelión campesina…- para dar un auténtico golpe de Estado interno.

Los campesinos catalanes se sublevaron al grito de
"Visca el Rei dÉspanya y muiren els traidors"
Violentando la misma legalidad local, Pau Claris, canónigo de la Seo de Argel y presidente de la Diputación General de Cataluña, consigue forzar a las Cortes a aceptar el apoyo de Francia para levantarse contra España. Entonces se materializa el pacto secreto que destacados miembros del partido profrancés habían acordado con París para asegurar la protección militar francesa en un levantamiento contra España. Las tropas galas penetran en la península. Francia empujará entonces los acontecimientos. Richelieu insta a tres embajadores catalanes a proclamar una República separada de España, que Claris hace aceptar a los Brazos y el Consejo de Ciento. Para una semana después declararla inviable y colocar a Cataluña bajo obediencia francesa. Ese mismo día se proclama a Luis XIII como Conde de Barcelona, bajo el nombre de Luis I.
La valoración del enviado plenipotenciario de Luis XIII, y pariente de Richelieu, Du Plésis-Besançon, no deja lugar a dudas sobre la intervención francesa en la secesión catalana:“Se puede decir sin exageración que las consecuencias de este acontecimiento (la revuelta catalana) fueron tales que nuestros asuntos que en Flandes no iban nada bien y peor aún en el Piamonte, súbitamente empezaron a prosperar por todas partes, incluso en Alemania, pues las fuerzas de nuestros enemigos, contenidas dentro de su país, quedaban reducidas a debilidad en todos los demás teatros de la guerra”.
La histórica política francesa hacia España aparece ya definida en 1640: mantener a España enredada en sus provocados desgarros internos, azuzar la fragmentación para someterla, en todo o en parte, a vasallaje. Al calor de la secesión catalana, los círculos de la nobleza lusa en torno al Duque de Braganza –la familia real portuguesa- reciben el apoyo de Richelieu para hacer realidad sus ambiciones independentistas. En 1641, Richelieu firmó una Alianza con Portugal. A pesar de que un importante sector de la nobleza portuguesa se opuso a la secesión, el apoyo francés, y más tarde británico, obligarán a España reconocer en 1668 la independencia portuguesa.

El cuestionamiento de la unidad peninsular alcanza tales cotas que algunas destacadas cabezas pretenden tomarse el reino por su mano. En Andalucía fue descubierta la conspiración nobiliaria del duque de Medina Sidonia y del marqués de Ayamonte, que pretendían tomar el poder en esta zona contando con el apoyo portugués. En 1648 se volvió a descubrir otra intentona de ruptura con Castilla, esta vez procedente de tierras aragonesas y cuyo protagonista era el duque de Híjar, que pretendía proclamarse rey de Aragón. 
La intervención francesa provoca la fragmentación peninsular, con nefastas consecuencias para los territorios empujados hacia las aventuras secesionistas. El carácter de agentes franceses y enemigos de Cataluña de los máximos promotores de la secesión quedará demostrada en su colaboración con el invasor galo. 
Pocos meses después de que los dirigentes del partido profrancés enarbolaran la negativa a cualquier tipo de colaboración militar con la Corona española, aceptaron facilitar el desembarco de tropas francesas en puertos catalanes, sufragar las tropas de Luis XIII y enviar a Francia nueve rehenes como garantía. Condiciones mucho más duras que las exigidas por Felipe IV. Los privilegios locales que los Claris, Tamarit, Villaplana dicen defender son pisoteados por los invasores. El gobierno catalán, que hasta entonces permanecía celosamente en manos locales, pasa a manos francesas. Francia nombró un Gobernador y luego un Virrey, impuso en las instituciones catalanas individuos adictos a París, estableciendo el derecho de veto sobre las listas de candidatos a cargos institucionales, o suprimiendo de ellas los nombres de los posibles desafectos a la causa francesa. Richelieu había dado instrucciones de que se nombraran gobernadores catalanes en cada localidad conquistada pero poniendo a su lado “un francés particularmente hábil y decidido, que ejerza verdaderamente el poder”. El coste del ejército francés para Cataluña era cada vez mayor, y cada vez se mostraba más como un ejército de ocupación. Mercaderes franceses comenzaron a competir con la burguesía comercial local, pero favorecidos por el gobierno francés que convirtió a Cataluña en un nuevo mercado para Francia. Todo esto, junto a la situación de guerra, la consecuente inflación, plagas y enfermedades llevó a un descontento de la población que iría a más conscientes de que su situación había empeorado con Luis XIII respecto a la que gozaban con Felipe IV.
Las tropas francesas son obligadas a abandonar gran parte territorio catalán. Pero el tratado de los Pirineos, en 1659, con el que se da fin a la guerra, anexionará a Francia el Rosellón, Conflent, Vallespir y parte de la Cerdaña. Mientras que Felipe IV decreta una amnistía y respeta los fueros y privilegios catalanes, en la parte francesa Luis XIV ordena la supresión del Consejo General de Cataluña, la Diputación y las demás instituciones catalanas, al tiempo que prohíbe el uso oficial del catalán “por ser contrario a mi autoridad y al honor de la nación francesa”.
Destacados miembros del partido profrancés catalán se exiliarán en el Rosselló ocupado por Francia, ejecutando, al ocupar importantes cargos locales, la política centralizadora de Luis XIV. Por su parte, el Portugal formalmente independiente pronto quedó satelizado por Londres. Lisboa perdió una sustancial parte de su imperio (Malaca, Mascate, Tidore, Ceilan, Cochín, Tánger, Azemmur, y Bombay a Inglaterra). Al año siguiente, el matrimonio de Catalina de Braganza con Carlos II de Inglaterra selló una alianza que pronto se transforma en dependencia. En 1703, el tratado de Methuen reservó el mercado inglés a los vinos de Madeira y de Oporto; a cambio, Inglaterra podía colocar libremente el trigo y sus géneros de lana en Portugal, que a partir de entonces se dedicó al monocultivo de la vid, y participar en el comercio de Brasil.

En la parte francesa de Cataluña Luis XIV prohibió el catalán
"por ser contrario a mi autoridad y al honor de la nación francesa"

Comentarios

Entradas populares de este blog

Carta de Lenin al Comité Central

Carta escrita por Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) dirigida a los camaradas del Comité Central del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (Bolchevique). "Camaradas: Escribo estas líneas el 24 por la tarde. La situación es crítica en extremo. Es claro como la luz del día que hoy todo lo que sea aplazar la insurrección significará verdaderamente la muerte. Poniendo en ello todas mis fuerzas, quiero convencer a los camaradas de que hoy todo está pendiente de un hilo, de que en el orden del día figuran cuestiones que no pueden resolverse por medio de conferencias, ni de congresos (aunque sean incluso congresos de los Soviets), sino únicamente por los pueblos, por las masas, por medio de la lucha de las masas armadas. La korniloviada inspirada por la burguesía, la destitución de Verjovski demuestran que no se puede esperar. Es necesario, a todo trance, detener al gobierno esta tarde, esta noche, desarmando previamente a los cadetes (después de vencerlos, si oponen resistencia), etc....

Defender la libre unidad del pueblo de las nacionalidades de España es revolucionario

          Quería  empezar este nuevo año abordando una cuestión que lleva décadas  sobre nosotros pero estos años se ha hecho agudizado especialmente: ¿que posición tenemos que tener los revolucionarios y progresistas con respecto a la cuestión nacional?. De forma muy poco casual se nos ha inoculado la idea de que estar por la unidad de nuestro pueblo es una cosa asociada a la derecha y los sectores mas reaccionarios de la sociedad, mientras que lo progresista y lo revolucionario es estar por la división y fragmentación. Esto ha sido defendido por muchos sectores que se consideran de izquierda borrando que el nacionalismo que ha surgido en las zonas idustriales era de carácter  burgués y siempre se ha posicionado a favor del patrón en lugar del obrero (que mayoritariamente eran "extranjeros" por ser de otras provincias). El PCE, durante la guerra civil (1936-1939), partiendo de los fustes fundamentales del   leninismo y aplicándolos al análi...