Ir al contenido principal

Dictadura de Primo de Rivera

Imaginemos un país en la Europa de inicios del siglo XX, en el que las principales redes de suministro de petróleo, clave para el desarrollo económico, están en manos de dos grandes monopolios extranjeros. De pronto, un gobierno, decide la expropiación de estos gigantes monopolistas para levantar un monopolio nacional estatal en el sector energético. Por regla general podría pensarse que se trata de un gobierno revolucionario, popular, … pero no. Este hecho aconteció en España, en 1927, de la mano de un capitán general del ejército, Primo de Rivera. La formación de CAMPSA, el monopolio español del refinado y distribución del petróleo, surgió de la expropiación de las posesiones de la Shell (anglo-holandesa) y la Standard Oil del magnate yanqui Rockefeller, que hasta entonces controlaban el 85% del sector. Con esta jugada puede, no sólo garantiza el control de la energía del país, sino que abre la posibilidad de iniciar una industria nacional.
Esta es sólo una de las medidas adoptadas bajo la dictadura de Primo de Rivera (1923 – 1930) aunque sin duda la más arriesgada. Con Primo, aparecerá un proyecto completo de desarrollo de un capitalismo monopolista nacional y autónomo de los centros de poder imperialistas. Se formarán dos monopolios estatales más, la Telefónica y la Tabacalera. El Estado impulsará las obras públicas con una amplia red de carreteras y ferrocarriles o la construcción de pantanos. Se aplicarán medidas proteccionistas para defender la producción nacional. El PIB crecerá a un ritmo muy superior al del resto de países europeos. En el terreno social se aumenta el nivel de vida del conjunto de la población, se fomentan las escuelas, la alfabetización o el seguro médico. Al mismo tiempo se tomarán medidas para intentar demoler el régimen de la Restauración corrupto, caciquil, ineficaz y estrechamente vinculado a las potencias imperialistas. Y se buscará un nuevo papel internacional para España revitalizando los lazos con Hispanoamérica o defendiendo sus intereses en el norte de África.
Frente a las ideas superficiales y mecánicas que sólo ven en la dictadura de Primo de Rivera la dominación de los sectores más reaccionarios y decadentes oligárquicos para contener al movimiento obrero y revolucionario, la realidad es que la dictadura de Primo de Rivera representa el primer y único intento de la oligarquía española por construir un capitalismo monopolista nacional, un proyecto de desarrollo independiente que se enfrenta al histórico dominio de las grandes potencias sobre nuestro país. El 13 de septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña, el general Miguel Primo de Rivera encabeza un golpe de Estado que acaba con el parlamentarismo de la Restauración e instaura un régimen dictatorial. A diferencia de la mayoría de los pronunciamientos decimonónicos o del posterior 18 de julio, la dictadura de Primo no se fragua en ninguna embajada de una potencia extranjera ni tendrá su respaldo incondicional, sino que hunde sus raíces y motivos en sectores de la propia oligarquía española. Este nacimiento independiente le conferirá un margen de maniobra desconocido para regímenes anteriores.
Este periodo es expresión del fortalecimiento y relativo grado de autonomía que ha alcanzado la oligarquía española -gracias al debilitamiento, fruto de la Iª Guerra Mundial, de las potencias que dominaban históricamente nuestro país, Inglaterra y Francia-, factor que le permite impulsar, por primera vez en la historia, un proyecto que responde en primer lugar a los intereses oligárquicos nacionales y no a las necesidades de dominio de una u otra potencia imperialista sobre España. Lo que va a permitir impulsar un desarrollo en España en todos los terrenos (económico, social, cultural, científico...) mucho más allá de lo que significó la dictadura.

La dictadura de Primo de Rivera es el primer, y único intento, de la oligarquía
española por establecer un capitalismo autónomo y autóctono

El impulso al desarrollo de un capitalismo independiente y nacional, ejecutado a través de la intervención del Estado y necesariamente enfrentado a los intereses del gran capital extranjero, permite que durante el periodo primorriverista se produzca un avance decisivo en la modernización y desarrollo español.
La intervención imperialista, especialmente de Inglaterra y Francia durante todo el siglo XIX y el primer tercio del XX, buscaba impedir el desarrollo de un capitalismo autónomo en España, y por tanto rival, sobre todo en el control y explotación de las riquezas nacionales. Durante la dictadura de Primo de Rivera se crean las bases para el nacimiento de un auténtico capitalismo monopolista español. Algunos de los principales monopolios -que siguen ocupando hoy un lugar central- como Telefónica, CAMPSA -actual Repsol-, Tabacalera... se fundan en este periodo. Pero el impulso a un desarrollo capitalista nacional y autónomo solo era posible cuestionando los intereses de las principales burguesías imperialistas, que habían controlado históricamente los centros neurálgicos de la economía nacional. Desde 1917 se plantea la necesidad de que España asuma el control de los recursos energéticos. Este proyecto culminará en 1927 con la creación de CAMPSA, cuyo principal objetivo es el control nacional de un sector estratégico –el petróleo- indispensable para asegurar la independencia económica y política de España. En una carta al rey Alfonso XIII, el ministro de hacienda de Primo de Rivera, José Calvo Sotelo, expuso así la necesidad de crear CAMPSA: “El petróleo es un factor industrial básico; es así mismo, elemento sustantivo para la defensa nacional (…) El petróleo en España está monopolizado de hecho por dos grandes trust industriales, la Standard Oil y la Shell, que desde 1925 se reparten amigablemente los beneficios del mercado español” Reafirmando su valor estratégico al declarar que “la creación de CAMPSA es más importante que la recuperación del Peñón de Gibraltar”. La angloholandesa Shell y la Standard Oil de los Rockefeller controlaban el 85% de la distribución del petróleo en España. La llave de la energía, la “sangre” que permite el funcionamiento del capitalismo, estaba en manos extranjeras.
El Estado expropia las posesiones en España de la Shell y la Standard Oil, y adjudica CAMPSA a un consorcio financiero que agrupa a varios de los grandes bancos oligárquicos: el Urquijo, el Vizcaya, Banesto e Hispano Americano. En torno a CAMPSA se pretende gestar un sólido conglomerado industrial y energético nacional, convirtiéndola en cabeza y motor del desarrollo industrial español, potenciando desde el Estado un potente sector energético, químico y petroquímico. La creación de la Compañía Nacional de Telefonía Española (CNTE) es el otro gran hito del desarrollo del capitalismo monopolista. El régimen de Primo promueve un ventajoso acuerdo con sectores del capital norteamericano, alcanzado en alianza con sectores oligárquicos españoles. La ITT se alía con el Banco Urquijo y el Hispano Americano, además de importantes familias como los Güell o Comillas, para formar la CNTE en 1924. Cuatro meses después obtuvo el monopolio de la administración y desarrollo de los servicios telefónicos. El resultado fue que en 1925 las comunicaciones telefónicas se triplicaron en toda España. Durante el régimen de Primo de Rivera se procede a la expulsión del capital francés de Banesto, pilar del sistema bancario y sobre el que París seguía ejerciendo una decisiva influencia. Estableciendo un sistema bancario, nódulo principal de la oligarquía, netamente nacional.
Anticipándose a las políticas impulsadas en EEUU o Alemania tras el crack del 29, y creando en España un auténtico capitalismo monopolista de Estado, Primo de Rivera convierte al Estado –absolutamente fundido con los intereses del gran capital financiero- en el principal impulsor “desde arriba” del desarrollo del capitalismo monopolista. El Estado centralizará los recursos nacionales y desplegará una frenética intervención para dirigirlos, a través de un enorme plan de inversiones, a los sectores claves: industria básica productora de bienes intermedios (siderurgia y metalurgia, cementos, química) y de bienes de producción (construcción mecánica), industria eléctrica. Tomando medidas para acelerar la cartelización de la producción y la creación de monopolios. Se impone un elevado proteccionismo arancelario - las más altas barreras aduaneras de Europa tras la URSS- para reservar el mercado interno al capital nacional. La Ley de Protección de la Industria Nacional establecía como condición indispensable para otorgar subvenciones que fueran industrias nacionales en las que los 2/3 de los consejeros fueran españoles, al igual que el 75% del capital y el 80% del personal empleado. Se potencia una “banca pública”, con el Banco de Crédito Industrial y el Banco de Crédito Local, para financiar las inversiones industriales, o el Banco Exterior, destinado a favorecer la expansión comercial, sustituyendo el papel que en este apartado jugaba la banca extranjera.
La intervención estatal abarca múltiples ámbitos. Emprendiendo un vasto programa de obras públicas –a través de empréstitos y emisiones de deuda rápidamente cubiertos por la banca- que, en gran parte, se basa en las ideas y proyectos de los regeneracionistas. El Patronato del Circuito Nacional de Turismo de Firmes Espaciales prevé la construcción de 7.086 km de carreteras, creando una de las mejores redes viarias de Europa en ese momento. Se duplica la red de ferrocarriles, a través de consorcios mixtos Estado-empresas. Se crean las Confederaciones Hidrográficas (todavía existentes hoy) a través de las cuales se obliga a agricultores e industriales a sindicarse e invertir en un plan de regularización de aguas, riegos, y electrificación que pretende alcanzar a todo el país. La construcción de pantanos, la modernización de los puertos, la repoblación forestal… conocen un impulso extraordinario. Y desde el ministerio de Hacienda, Calvo Sotelo instaura un nuevo sistema de recaudación de impuestos y nivela el presupuesto nacional.
Durante la dictadura de Primo de Rivera se da un impulso decisivo a la modernización de España. Disminuye la población agraria, mientras aumenta la urbana y la que se dedica a empleos industriales. En conjunto, entre 1913 y 1929, la economía española creció un 50 %, lo que en términos comparativos suponía un 15 % más que la francesa, un 19 % más que la italiana, un 29 % por encima de la alemana y y un 38 % sobre la británica.
Este desarrollo nacional va a repercutir en el conjunto de la población. Desde diciembre de 1922 a finales de 1930 la renta nacional aumentó un 30%. En seis años se crearon 5.000 nuevas escuelas, más que en las cuatro décadas del régimen anterior, se construyen viviendas sociales, se da un importante salto en la alfabetización, se crean los seguros médicos para los obreros…
El sector industrial experimentó un fuerte crecimiento, incluso por encima del experimentado por la media nacional: progresó a una tasa del 5,5% anual entre 1922 y 1930. La inversión bursátil en valores industriales se quintuplicó. Una parte cada vez mayor de la renta generada fue destinada a la inversión, que se elevó al 21% del PIB en 1929, un máximo que sólo se volvería a alcanzar en 1960. Un nuevo dinamismo aparece con extraordinaria fuerza en la sociedad española. Reflejado en fenómenos tan alejados de lo que la dictadura significaba. Abriéndose una nueva edad de oro en la cultura española -con la generación del 27, figuras universales como Lorca, Dalí. Buñuel-. O destacando en campos en los que España nunca había sido relevante: la ciencia, con Ramón y Cajal o Severo Ochoa, la filosofía, con Ortega y Gasset...
El proyecto que representa Primo de Rivera, basado en desarrollar un capitalismo nacional, exige ganar autonomía política para España, lo que conduce a un enfrentamiento con los intereses de las principales potencias imperialistas.
La dictadura de Primo de Rivera es un intento por impulsar desde el Estado un capitalismo nacional e independiente de los centros de poder imperialistas. Un proyecto de desarrollo nacional que sólo es posible enfrentándose los lazos de dependencia y los mecanismos de intervención que Inglaterra y Francia disponían en España. El régimen de Primo de Rivera va a expresar una voluntad creciente de autonomía, tanto en el plano nacional como internacional, que choca con los intereses de las grandes potencias.
La dictadura de Primo de Rivera establece un nuevo régimen que busca acabar con el caduco régimen de la Restauración, bajo el control de los sectores oligárquicos más retrógrados y que sobre todo era privilegiada vía de intervención de Londres y París. Primo de Rivera se nombra a sí mismo como “cirujano de hierro” para “el descuaje del caciquismo” y la “limpieza de la oligarquía política”. Los partidos liberal y conservador, que se habían turnado en el poder durante décadas, o la vieja élite de la Restauración, son apartados del poder. La dictadura busca reemplazarlos por un partido único: la Unión Patriótica, un partido conservador y católico pero que ya no está bajo el control de los elementos oligárquicos más caducos y no es un juguete en manos de las embajadas extranjeras. 
Por primera vez, España intenta desplegar una política exterior autónoma, dirigida desde los intereses oligárquicos, y que busca convertir a España en una potencia media con una voz propia en el mundo. Hispanoamérica, el Mediterráneo, Portugal o Marruecos van a ser los principales escenarios de esta nueva proyección internacional de España. Por un lado el área atlántico mediterránea, donde las aspiraciones españolas encontraban la permanente oposición francesa, y por el otro la vertiente americana. Esta nueva orientación, enfrentada frontalmente a Francia, pero que despierta también los recelos ingleses, obliga al régimen primoriverrista a buscar nuevas alianzas, jugando con las contradicciones interimperialistas e intermonopolistas. Primo de Rivera intenta establecer una alianza con la Italia mussoliniana para contrarrestar el dominio galo sobre el Mediterráneo. Pero el  punto sin retorno en sus ambiciones autonomistas se expresa en la intención de establecer una nueva relación con la URSS.
La creación de CAMPSA, expropiando a la Shell y la Standard Oil, provocó una furibunda reacción del gran capital anglo-norteamericano, que controlaba el  80% del mercado mundial y promueve una amplia campaña diplomática aislando a España y amenazando con el desabastecimiento. Sólo la URSS bolchevique, quedaba fuera de este reparto petrolero del mundo controlado por Inglaterra y EEUU, y hacia allí se dirigió el gobierno de Primo de Rivera, alcanzando acuerdos de suministro energético con Moscú. Para poder impulsar un desarrollo autónomo, el régimen de Primo de Rivera se muestra dispuesto a infringir las reglas internacionales dictadas por los grandes centros de poder imperialistas.

Al querer establecer su propio camino libre de Londres y París
el régimen de Primo de Rivera negociara hasta con la Rusia Bolvhevique

En Marruecos, el régimen de Primo de Rivera toma la iniciativa para intentar consolidar un espacio colonial propio, enfrentándose a las ambiciones francesas por imponer su dominio exclusivo sobre el norte de África. París prestará apoyo militar a las tribus rifeñas que se rebelan contra el dominio español. Se van a estrechar las relaciones con Portugal, con el objetivo de crear un espacio ibérico común, enlazando con las posiciones de los federalistas de la Iª República. Y se acentuará, sobre todo, la proyección española hacia Hispanoamérica, enterrada desde el desastre del 98, como clave para ampliar el papel internacional de España. Estableciendo puentes económicos, políticos, diplomáticos, desde la multiplicación del comercio, las legaciones diplomáticas o las misiones militares hasta la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. Con el objetivo de “estrechar los lazos entre la madre patria y las repúblicas americanas”. El régimen de Primo de Rivera va a utilizar la dimensión ibérica y americana de España como un activo internacional, por ejemplo para reclamar un puesto permanente en la Sociedad de Naciones.
El grado de autonomía y desarrollo independiente que alcanza España hacen saltar las alarmas en los centros de poder imperialistas, que activan toda su capacidad de intervención sobre el país para acabar a cualquier precio con el régimen de Primo de Rivera. Los principales nódulos oligárquicos, enormemente beneficiados por la política del régimen, se plegarán a los ataques impulsados por Londres y París, firmando su renuncia a encabezar un proyecto independiente.
Las principales potencias imperialistas van a utilizar todos los mecanismos de intervención políticos que siguen conservando en España para truncar el intento de desarrollo independiente. El principal error del régimen primoriverrista fue dejar intactos los mecanismos de intervención políticos de las potencias imperialistas, que serán utilizados a pleno rendimiento para truncar el intento de desarrollo independiente. Aún desalojados de los centros del poder político, la vieja élite de la Restauración conservará su influencia, y libertad para desarrollar una febril actividad conspirativa, siempre en connivencia con Londres o París. Así, a partir de 1928, tras la creación de CAMPSA, la expropiación de las petroleras británicas y yanquis y los acuerdos con la URSS para la importación de petróleo, las potencias imperialistas ponen en marca un proceso de desestabilización que acabará con el régimen de Primo de Rivera.
Apoyándose en la vieja élite de la Restauración, que aún desalojados de los centros de poder políticos conservan su influencia y libertad para desarrollar una febril actividad conspirativa, siempre en connivencia con Londres o París. A partir de 1928, tras la creación de CAMPSA, la expropiación de las petroleras británicas y yanqui y los acuerdos con la URSS para la importación de petróleo, las potencias imperialistas ponen en marcha un proceso de desestabilización que acabará con el régimen de Primo de Rivera. Por un lado se produce, entre 1928 y 1929, una salida masiva de capital extranjero. Más de 800 millones de capital extranjero abandonan el país. Simultáneamente se produce un ataque masivo, persistente durante meses y coordinado en los mercados internacionales (especialmente en Londres) contra la peseta. Su objetivo es hundir uno de los pilares en los que se ha sostenido la política económica de Calvo Sotelo en todos esos años: el mantenimiento de una peseta fuerte como barrera proteccionista contra el capital y las mercancías extranjeras y como expresión de la fortaleza política y económica del régimen.
Al mismo tiempo, fuerzas de clase y políticas antes enfrentadas –desde los sectores terrateniente al financiero, desde la derecha a la izquierda, desde la élite de la Restauración a las fuerzas nacionalistas- coinciden en el acoso a la dictadura. Se urde una extensa trama civil y militar, que tiene su centro en la embajada inglesa, con el objetivo de derribar, a cualquier precio, el régimen primoriverrista. Aparatos fundamentales del Estado, como la Corona o las jerarquías del ejército, que habían respaldado el proyecto de Primo, pasan a la oposición activa durante la última etapa de la dictadura. En palacio se tramaban toda clase de maniobra para acabar con el régimen, y el rey intervino declaradamente desde finales de 1929 para derrocar a Primo. Núcleos de la oligarquía como los Urquijo o los Oriol, especialmente beneficiados por Primo de Rivera, se unen a los complots para derribarlo.
Cuando se agudizó el enfrentamiento con los principales centros de poder imperialistas, ineludible para conquistar la autonomía política que permitiría un desarrollo económico autónomo, la oligarquía española, cuyas estrechas relaciones con el gran capital extranjero se han mantenido intactas, renuncia a defender un proyecto propio, plegándose a las imposiciones imperialistas, aun cuando no solo se enfrentaban al desarrollo nacional sino también lesionaban sus propios intereses. Sellando ya definitivamente su carácter vendepatrias y actuando como principal plataforma de la intervención imperialista sobre nuestro país.
Salvo algunas excepciones, la mayoría de las fuerzas progresistas y revolucionarias van a colocar en primer y único lugar el combate a la dictadura por su carácter reaccionario, siendo incapaces de comprender su carácter nacional y objetivamente enfrentado al dominio de las grandes potencias sobre el país. Lo que les llevará en muchos casos a coludirse con los furibundos ataques del imperialismo contra el régimen de Primo de Rivera.
A pesar de tratarse de un régimen dictatorial que nace con la intención de contener el auge de las movilizaciones obreras, durante el periodo de Primo de Rivera existe una paz social casi absoluta. Frente a la explosión de energía revolucionaria y combatividad obrera que caracterizan las décadas anteriores (1900-1920) y las posteriores (1931-1939). Fruto del nivel de desarrollo alcanzado, del que también se beneficiarán el conjunto de clases, la dictadura conseguirá encuadrar, o cuanto menos neutralizar, a importantes sectores de la clase obrera. Y en el seno de las organizaciones obreras y revolucionarias se abrirán diferentes posiciones ante el nuevo régimen. 
En el PSOE triunfan las posiciones de Besteiro  y Largo Caballero, favorables, en oposición a Indalecio Prieto, a la colaboración con la dictadura. El PSOE y la UGT participarán en los Comités Paritarios, en los que bajo la presidencia de un miembro del gobierno se integraban cinco representates de los patronos y cinco de los obreros, interviniendo en la regulación de las condiciones de trabajo. Esta posición de colaboración del PSOE no responde a un análisis ni a un pensamiento elaborado sobre el carácter patriótico y antiimperialista del proyecto de Primo, sino que está influenciada por el triunfo del laborismo inglés y tiene su origen en las tendencias más economicistas y reformistas, buscando imitar “el modelo alemán”, alcanzando, al nivel español, una participación de las cúpulas sindicales en la gestión del capitalismo monopolista.
Pero, objetivamente, supone el respaldo de un importante sector del movimiento obrero al proyecto nacional que representaba el régimen primoriverrista. Este respaldo permitirá a UGT multiplicar sus filas y su influencia sobre el movimiento obrero. 
La CNT se encuentra profundamente debilitada tras los años de pistolerismo patronal, y la represión que acomete la dictadura. Ante el régimen primoriverrista se dividen las posiciones del sector “sindicalista”, personificado en Pestaña, que aboga por una práctica “hibernación”, y los sectores que luego constituirán la FAI, partidarios de continuar la línea del enfrentamiento directo con la dictadura. Con diferencia la principal organización sindical de la clase obrera española en esas fechas, la CNT desaparece del mapa en 1923, para volver a resurgir, con su fuerza intacta, 8 años después, en 1931.
En la izquierda revolucionaria y proletaria, el PCE mantendrán, aún en 1960, una visión donde sólo verá el carácter reaccionario de la dictadura, pero será incapaz de comprender su carácter nacional, enfrentado a los intereses y proyectos del capital extranjero y las potencias imperialistas para España.
Los partidos republicanos - fuertemente intervenidos por Francia e Inglaterra, y con una intervención de las logias masónicas, especialmente activas en esas fechas, todavía por esclarecer- participarán en todas las operaciones dirigidas a apartar a Primo de Rivera del gobierno.
Por su parte los nacionalistas catalanes, donde la dirección pasa a una pequeña burguesía radicalizada representada por la ERC de Maciá, reactiva el peligro de fragmentación, planeando desde París una fallida invasión con el objetivo de proclamar la República Catalana.
Cuando la contradicción principal entre el desarrollo autónomo del país y los intereses de dominio de las principales potencias y el capital extranjero, las fuerzas revolucionarias y progresistas van a partir únicamente de la dicotomía entre reacción y progresismo, donde la dictadura ocupará el campo de los enemigos y las conspiraciones contra la dictadura, aun cuando estuvieran dirigidas por las fuerzas más pro-imperialistas, eran aliados.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Carta de Lenin al Comité Central

Carta escrita por Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) dirigida a los camaradas del Comité Central del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (Bolchevique). "Camaradas: Escribo estas líneas el 24 por la tarde. La situación es crítica en extremo. Es claro como la luz del día que hoy todo lo que sea aplazar la insurrección significará verdaderamente la muerte. Poniendo en ello todas mis fuerzas, quiero convencer a los camaradas de que hoy todo está pendiente de un hilo, de que en el orden del día figuran cuestiones que no pueden resolverse por medio de conferencias, ni de congresos (aunque sean incluso congresos de los Soviets), sino únicamente por los pueblos, por las masas, por medio de la lucha de las masas armadas. La korniloviada inspirada por la burguesía, la destitución de Verjovski demuestran que no se puede esperar. Es necesario, a todo trance, detener al gobierno esta tarde, esta noche, desarmando previamente a los cadetes (después de vencerlos, si oponen resistencia), etc....

Defender la libre unidad del pueblo de las nacionalidades de España es revolucionario

          Quería  empezar este nuevo año abordando una cuestión que lleva décadas  sobre nosotros pero estos años se ha hecho agudizado especialmente: ¿que posición tenemos que tener los revolucionarios y progresistas con respecto a la cuestión nacional?. De forma muy poco casual se nos ha inoculado la idea de que estar por la unidad de nuestro pueblo es una cosa asociada a la derecha y los sectores mas reaccionarios de la sociedad, mientras que lo progresista y lo revolucionario es estar por la división y fragmentación. Esto ha sido defendido por muchos sectores que se consideran de izquierda borrando que el nacionalismo que ha surgido en las zonas idustriales era de carácter  burgués y siempre se ha posicionado a favor del patrón en lugar del obrero (que mayoritariamente eran "extranjeros" por ser de otras provincias). El PCE, durante la guerra civil (1936-1939), partiendo de los fustes fundamentales del   leninismo y aplicándolos al análi...

La guerra de los segadores

La guerra de los segadores, la sublevación de Cataluña o la revuelta catalana es un conflicto que en breve cumplirá cuatrocientos años. Este seria uno de los miles de conflictos que recorren nuestra historia que podría pasar desapercibido de no ser porque en los últimos años se ha insistido desde ciertos sectores en conmemorarlo. Aunque lo correcto seria decir que se dedican a rememorar una parte del conflicto que les interesa para justificar su proyecto político. Subvirtiendo los acontecimientos y ocultando el papel que jugaron ciertos actores que reconducieron el rumbo del conflicto. Con esto trato de arrojar un poco de claridad en los acontecimientos y, en especial, poner sobre la mesa que intereses había y que se jugaba con esta sublevación de campesinos. La relación entre Cataluña y la Corona se encona por la intervención del Conde-Duque Olivares, que encarna una política unificadora con la máxima: Multa regna, sed una lex, <<Muchos reinos, pero una ley>>, pretende ...